Nuestro cliente circulaba en su motocicleta cuando otro conductor lo embistió a gran velocidad y se dio a la fuga. Quedó solo en una carretera oscura, gravemente herido y con un dolor intenso, sin ayuda a la vista. El conductor responsable nunca fue identificado.
Las lesiones fueron graves. Nuestro cliente sufrió múltiples fracturas en la pierna, heridas profundas y quemaduras. Necesitó cirugía de urgencia, procedimientos adicionales para estabilizar la pierna con implantes y meses de atención médica continua. Su recuperación incluyó hospitalizaciones, tratamiento domiciliario de heridas, fisioterapia y constantes citas médicas para comenzar a sanar.
Como nunca se encontró al conductor culpable, no había ninguna compañía de seguros a la que responsabilizar. Nuestro equipo colaboró estrechamente con la policía, los investigadores y los vecinos para intentar identificar al conductor, pero no se obtuvo ninguna pista. Por suerte, nuestro cliente tenía cobertura para conductores sin seguro, algo que ni siquiera sabía que podía aplicarse en un caso de atropello y fuga.
Gracias a esa cobertura, pudimos obtener la indemnización máxima de la póliza, que ascendía a 100 000 dólares. Este acuerdo ayudó a cubrir sus gastos médicos y le proporcionó una compensación por el dolor, el trauma y las molestias ocasionadas por el accidente. Este caso demuestra que, incluso cuando un conductor se da a la fuga, las víctimas lesionadas aún pueden tener opciones.